«Estamos aquí para ustedes. Somos Los Creadores. Somos un colectivo de seres no físicos de la duodécima dimensión y estamos aquí para ayudar.
Les permitimos ser plenamente ustedes mismos. Este es uno de nuestros regalos para todos ustedes, y los invitamos a hacerse a sí mismos este mismo obsequio, así como a extenderlo a los demás. Permítanse ser quienes son y permitan que todos los demás hagan lo mismo. No tienen que preocuparse de que alguien más, al ser él mismo, de alguna manera los pisotee a ustedes o a sus creaciones. Pueden vivir y dejar vivir. Pueden confiar en que el caleidoscopio de la realidad colocará a cada persona en el lugar adecuado y en el momento oportuno para que reciba exactamente la experiencia que necesita.
Verán, si supieran cómo está tejida realmente la realidad, les sería mucho más fácil creer que ser ustedes mismos es suficiente, y les sería mucho más sencillo permitir que todos los demás sean quienes son. Pueden liberar a todos los demás de la responsabilidad ante ustedes. No necesitan juzgar a nadie. No tienen que escudriñar su comportamiento ni ver si están de acuerdo con él o no. No necesitan resistirse a lo que otro hace, ni tienen por qué temerlo.
Permitan que cada uno habite en su propia realidad, tomando sus decisiones, mientras ustedes hacen lo mismo por sí mismos, y sentirán cómo se alinean con su verdadero Ser, con su alma, con la Fuente. Y cuando están en esa armonía sagrada, parece que les importa mucho menos lo que hacen los demás. En cambio, cuando pierden ese alineamiento, se sienten impotentes, les parece que las acciones de los demás arruinan el mundo para todos, incluidos ustedes, y no logran simplemente relajarse.
Así que aquí tienen la clave: deben recordarse que su trabajo, su propósito y su destino es ser ustedes mismos y permitir que todos los demás sean lo que acordaron ser en esta realidad, en este tiempo, en su amada Tierra. Por simple que parezca, desde su perspectiva puede sentirse como una tarea monumental, y eso es porque deben mirar la realidad tal como es verdaderamente, y no como se les enseñó a verla.
Si logran ver que en el caos siempre reside un orden perfecto, entonces podrán soltar las riendas y vivir dejando vivir. Si se preocupan constantemente por lo que sucede o podría suceder, no solo dejan de escuchar esa guía interna que les dice que avancen con valentía, sino que también deben soltar la idea de que necesitan saber exactamente qué les dará la plenitud de ser ustedes mismos.
Al final, todo lo que esto les brinda es «más de ustedes mismos», y si pueden estar satisfechos con eso, si logran comprender que son seres infinitos y eternos, entonces podrán avanzar con las acciones que implican ser auténticos, haciéndolo con confianza y sin rastro de temor. No tienen por qué temer lo que haga el prójimo, porque no pueden controlarlo; por lo tanto, pueden soltarlo con la misma facilidad y simplemente escuchar sus corazones. Sigan su alegría. Encuentren su bienaventuranza (su flow) y vivan la vida que eligieron para ustedes antes de nacer. Eso es, en verdad, todo lo que se requiere.
Somos Los Creadores y los amamos profundamente».
La Parábola del Maestro y el Vitral de Colores
Un día, un discípulo se acercó al Maestro, profundamente inquieto por las acciones de sus vecinos.
— Maestro —dijo—, ¡hay tanta ignorancia a mi alrededor! Uno desperdicia su vida en la pereza, otro está cegado por la codicia y un tercero actúa con injusticia. ¿Cómo puedo ser feliz y estar en paz cuando veo cómo destruyen la armonía del mundo?
El Maestro, en silencio, llevó al discípulo ante un gran ventanal compuesto por miles de piezas de vidrio de colores, un vitral resplandeciente.
— Mira —dijo el Maestro—. Aquí hay vidrio rojo, allá azul, y aquí un trozo de marrón tosco. ¿Acaso el vidrio azul intenta convencer al rojo de cambiar su color? ¿Acaso el vidrio transparente se enoja con el oscuro porque no deja pasar la misma cantidad de luz?
— No —respondió el discípulo—. Simplemente están uno al lado del otro.
— Exactamente —sonrió el Maestro—. Cada pieza cumple su función en el diseño universal. Si todos se volvieran transparentes, el vitral desaparecería, dejando solo un vacío. La luz del Sol atraviesa a cada uno de forma distinta, creando un juego irrepetible de sombras y matices. Tu tarea no es pulir el vidrio ajeno, sino cuidar que tu propio color brille con pureza y esplendor. Cuando te atreves a ser tú mismo, no estorbas a los demás: completas la obra maestra.
El discípulo contempló el vitral y, por primera vez, no vio fragmentos aislados, sino un lienzo único donde incluso el color más oscuro ocupaba su lugar sagrado.
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